jueves, 31 de mayo de 2012

EL PORTERO DE LA TIENDA DE AUTOSERVICIO.


La gente entra y sale, pero don Enrique con su olor aguardientoso hace que los clientes sepan que no tendrán la necesidad de tocar la puerta de entrada. Con peculiar aspecto hace que las personas que entran a la tienda de autoservicio se den cuenta de su facha. Sin preocupación alguna y con su carisma que lo caracteriza, don Enrique hace que las mujeres se sientan bellas al tomarlas de la mano y decir cosas agradables.

En su mirada se puede reflejar la soledad, pero en sus actos la alegría que le da el alcohol por solo ratos. Con sus amigos se le puede ver vagabundeando por los parques del fraccionamiento de Bosques de Saloya, estos personajes son tan difíciles de ignorar por su forma tan divertida pero tan común, hacen que se puedan dar cuenta que la vida es bella aun a pesar de las circunstancias.

Unos días están aquí, otros allá y se preguntan dónde vive, el simplemente dice –el lugar es lo que menos importa, cuando se tiene la oportunidad de dormir y despertar–con la sonrisa en la cara. Se sabe que tiene la necesidad de pedir unos simples pesos.

De regreso a su lugar acostumbrado, su esquina amada de aquella tienda de autoservicio, sigue de viene, viene y hace el trabajo que haría un portero al abrir y cerrar la puerta. Solo pide una cosa –me da unas moneditas, reinitas– lo dice don enrique de una manera que cualquiera se lo daría. Y no por estar bajo los efectos del alcohol significa que es un vulgar, no, más que eso es un señor que dice las cosas con educación y sencillez.

Quizás no tenga un lugar donde dormir, comer o bañarse, pero nadie lo juzga por eso. Las circunstancias en las que él vive, no ha podido borrar la sonrisa de su rostro y cada vez que se le ve por las calles nos da una buena lección de vida.


Autora: Berenice  Moha
Fb/bere moha
Twit/@bere_moha

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